Hay otra guerra contra Rusia que se lucha todos los días. Se pelea en las trincheras digitales, a través de correos electrónicos infectados, y los miembros de la OTAN ya están involucrados en ella. Por un lado, están las organizaciones de hackers conocidas como Fighting Ursa (APT28) y Cloacked Ursa (APT29), que han sido vinculadas al estado ruso por los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido. Por el otro, los trabajadores de los sectores público y privado de la alianza atlántica, que con solo pinchar en un mensaje malicioso pueden abrir las puertas a los ciberespías del Kremlin.
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